Debajo del disfraz de dominante


La dominación no es mi morbo. Debería partir de ese punto para explicar(me) todo lo demás. Pero así dicho es inexacto, porque en ni morbo existe algo de dominación, pero no en el sentido D/s. Casi cualquier relación sexual tiene algo de dominación y mi gusto de dominar no excede demasiado de la medida convencional. Mi verdadero morbo es que la mujer se sienta una puta, entendiendo en este caso como puta a una mujer perdida por el goce sexual. Supongo que es un morbo de lo más corriente por lo que será fácil de comprender para cualquiera. No conozco demasiadas mujeres, pero salvo una excepción, a todas mis conocidas íntimas les excita (o les excitaba) ser tratadas como putas. No puedo ser tan categórico respecto a los hombres porque no se lo he preguntado a ninguno, pero me atrevería a decir que la proporción debe ser abrumadoramente mayoritaria.

Es muy claro que lo mío no es el morbo D/s, ni tampoco es el morbo sádico. No me interesa sentirme poderoso y consecuentemente tampoco me excita la sensación de poder. Ni hablar de causar dolor, eso directamente no puedo aceptarlo, con excepción de alguna que otra nalgada que no deja de ser también parte del folklore vainilla. Lo mío tiene más que ver con la justicia y con el sentido común y nada de lo D/s es justo ni tiene sentido. Estoy en la línea del Ama Blanca. A ella le gusta la caza sexual y adereza su cacería con toques bedesemeseros pero su fin es el sexo y no el poder. En ese punto me parezco a ella, pero sin el toque promiscuo. A mi edad uno se vuelve una especie de león herbívoro.

Para terminan de definir la idea, diría que los dominantes se excitan a través de la obediencia, los sádicos a través del dolor, y yo a través de la excitación de la mujer.



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