Coincidencias imprescindibles


Cuando se habla de los acuerdos Dom-sum se asume que los mismos se circunscriben a darle forma a gustos comunes, porque la posibilidad misma de establecer un acuerdo presupone algo fundamental y no sé si tan corriente: la coincidencia de gustos.

Alguien podría suponer que una pareja D/s necesariamente comparte los mismos gustos en cuestiones D/s, lo cual es tan aventurado como asegurar que una pareja vainilla tiene idénticos gustos sexuales.

Las coincidencias en estos campos son especialmente complicadas porque no sólo se debe coincidir en el gusto por la “práctica” en sí, sino también se debe coincidir en la intensidad, en la frecuencia, en las circunstancias y en los lugares. Quizá a ambos les gusten los azotes, ¿pero con la misma intensidad, en la misma cantidad, en las mismas circunstancias y en los mismos lugares? Y éste es un punto en el cual no me parece que sea aplicable la palabra “adaptación” sino más bien la palabra “resignación” o “aceptación” dependiendo de la personalidad de quien se trate.

Por ejemplo, tal vez uno de la pareja quiera jugar/interactuar en todo momento y el otro sólo en la intimidad, o cuando tiene ganas. Y si es así no hay posibilidad que ambos queden satisfechos. Y cómo casi siempre sucede, en este ejemplo de incompatibilidad se ve claramente que no hay culpables, en este caso particular no hay coincidencia en la frecuencia, lo cual puede resultar muy frustrante para uno de ellos.

Está visto que aún en parejas en la que ambos gustan de un vínculo D/s no es tan sencillo relacionarse de esa manera.

Yo creo que es tiempo bien invertido el que se dedique a encontrar los gustos propios y los de la pareja, como así también el utilizado para comunicarse.






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