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Quizá sea yo el equivocado, siempre hay que prever esa posibilidad. Quizá las cosas sean de una manera totalmente distinta a lo que yo creo, o quizá sean de la forma en que yo creo que son, pero todo está tan claro que no es necesario decir nada más.

Lo que sí sé, es que muchas veces se pierde de vista para qué se hace lo que se hace. Por ejemplo, si las personas tuvieran siempre presente que van a ver un partido de fútbol por mero divertimento, jamás habría peleas, jamás habría heridos y mucho menos, jamás habría muertos porque uno sea simpatizante de un equipo y otro sea simpatizante de otro. Estoy convencido que la mayor parte de las veces las cosas se hacen porque se hacen o por costumbre y, lo que es mucho peor, se termina creyendo que son hechas por motivos completamente distintos a los reales.

La comunidad bedesemesera es un excelente ejemplo de la pérdida de rumbo. Supongo que parte del problema es el efecto de masificación, cuando eso sucede la idea general sustituye a la idea particular y todo el mundo termina creyendo lo mismo, aunque si se le preguntara individualmente, todos estarían convencidos que cada cual tiene una idea totalmente personal de las cosas.

Pero vuelvo a decir que el problema es que no se sabe para qué se hace lo que se hace. Imagínense que si uno trabaja las horas que trabaja con total inconsciencia del inexorable, e irrecuperable, paso del tiempo, mucho menos se puede pretender que alguien tome consciencia de por qué elige el vínculo D/s.

La otra posibilidad, que no suscribo pero creo debe ser considerada, es que las personas, aún sabiendo la razón de sus acciones, hayan optado por adherirse a una especie de farsa colectiva u obra teatral, para decirlo más suavemente, dónde cada cual cumple su papel como si se tratara de un actor.

Es posible también que la confusión derive del hecho que en todo esto existe un fondo real que no es otra cosa que la necesidad de dominar o de someterse. Esa necesidad es el único sustento de toda esta movida, pero sin dudas es un sustento muy sólido. Luego, sobre esos cimientos verdaderos se edifica una estructura de fantasía. Entonces se leen a personas que se refieren a su “socio” (que puede ser compañero, pareja, conyugue, amor de su vida, o lo que sea) como “mi Señor”, “mi Amo”, “mi sumisa”, “mi esclava”. Si bien esos términos son convenientes para facilitar el entendimiento, tienen sentido únicamente mientras dura el juego. El problema es que hay personas que actúan como si los roles fueran reales, lo cual sería para preocuparse, si no fuera que de vez en cuando esas mismas personas suelen dar muestras que se ajustan al papel mientras el papel les resulta divertido, luego “mi Señor” pasa a ser “un manipulador”, “un violento”, “un enfermo”, “un mentiroso”, o "mi sumisa" "una histérica perdida" y cosas semejantes o peores, pero en ningún caso el baño de realidad se produce como consecuencia que la persona en cuestión haya caído en cuenta del por qué adoptó el camino D/s, sino por simple despecho o en el mejor de los casos por desilusión.

Si todos fuésemos siempre conscientes que esto lo hacemos para canalizar nuestras necesidades internas o para darle a la relación un toque lujuria y diversión, sin duda habría menos frustraciones, malos entendidos, y las relaciones serían mucho más felices.


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