Escenas de la vida conyugal (I)

Mientras salía de la ducha observó como ella pintaba sus labios de color coral. Se preguntó por qué no se maquillaba en la habitación, pero recordó que la mente de las mujeres es casi siempre inescrutable y refrenó su comentario justo un instante antes de emitirlo. En menos de veinticinco minutos pasarían a recogerlos por lo cual el uso del espejo formaba parte del camino crítico. Como toda mujer que se precie, ella había desparramado una batería de cosméticos por todo el baño. Entre esa marabunta de frascos y potes, la espuma de afeitar y la Gilette aguardaban casi avergonzadas.
-Amor, me tengo que afeitar –Hazlo, a mí no me molesta – contestó ella con un tono entre risueño y sarcástico sin desviar un ápice su mirada del espejo -Si no estuviésemos tan apurados recibirías los azotes que te merecés – Si no hubieses mirado fútbol hasta último momento tendrías ese tiempo. Ella tenía razón por lo que él nuevamente optó por mantenerse callado.
La mujer llevaba puestas unas medias con ligas, un exiguo tanga negro que resaltaba sus glúteos y unos zapatos de tacón recién estrenados. Sólo le faltaba ponerse el catsuit y unos aros y estaría lista. Así vestida –o desvestida- era una tentación irresistible. En ese instante decidió que su mujer llevaría puesto un plug anal así que se dirigió a la habitación a buscar el juguete. Dudó cuál colocarle pero se terminó decidiendo por el de silicona, un poco más grande que el metálico pero más cómodo de llevar. Regresó al baño y acercó el juguete a la boca de la mujer. – Tengo los labios recién pintados –protestó ella, pero como él no hizo el menor movimiento no tuvo más remedio que mojarlo con su boca. Luego, mientras retocaba la pintura de sus labios sintió como el plug se introducía en su cola. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro. Adoraba esa dilatación.
-Apúrate amor que sólo nos quedan diez minutos –Sí cielo –contestó el hombre mientras esparcía sobre su cara la espuma de afeitar.





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