Escenas de la vida conyugal (II)




Llegó a casa pasadas las siete, solamenete unos minutos más tarde del horario habitual. Los perros lo recibieron con besos y saltos como si hubiesen pasado meses en lugar de horas desde que lo vieron por última vez. Ella apareció luego de unos segundos, en su cara podía adivinarse una especie de sonrisa contenida. Luego del saludo, intercambiaron algún detalle menor de lo que le había sucedido a cada uno durante el día, pero lo que debía haber sido un momento normal no lo era, algo extraño flotaba en aire. Ya lo averiguaría…
Antes de ponerse la ropa de entre casa el recién llegado inició lo que habían definido como “la recorrida de inspección” (*): las plantas habían sido regadas, bien, el piso del balcón estaba limpio, muy bien hasta ahí, la cama del cuarto estaba deshecha completamente. Acababa de encontrar la razón de la tensión en el ambiente. -¿Qué pasó con la cama? –Nada, ¿por qué? – respondió ella desde la cocina –Está desecha y no debía estar así, ¿estuviste muy ocupada? –Un poco – contestó sin ánimo de dar la más mínima explicación –¿Se puede saber en qué consistió esa ocupación? –Sí, estuve leyendo algunos blogs en Internet.
El hombre había escuchado lo suficiente, se dirigió a la cocina, la tomó de la mano y la llevó a la habitación. Le recordó lo que habían consensuado acerca de las “tareas obligatorias” con tono suave pero firme. Ella sostuvo la mirada mientras recibía el sermón y no ensayó la más mínima disculpa. –Ponete en la posición uno. La mujer apoyó las palmas sobre la pared a la altura del pecho y a una distancia de un metro aproximadamente de la misma, separó sus piernas y arqueó la espalda para exponer su culo. Él le levantó la falda y procedió a “comprobarla”, lo cual consistía en introducirle dos dedos en su vagina. Siempre realizaba ese procedimiento antes de azotarla y lo repetía al terminar, habitualmente los flujos de la mujer crecían con la intensidad de los azotes. Cuando lo hizo notó que su mujer ya estaba muy mojada aún antes de la azotaina. Estaba claro que la cama sin hacer y las respuestas impertinentes habían sido premeditadas por ella con el fin de incitarlo.
La primer parte del castigo consistió en 20 azotes en cada nalga y la segunda parte fue negarle el orgasmo un par de veces. Por más que no se lo dijo a él, ella reconocía para sí que el castigo fue justo.

Luego del correctivo tuvieron una cena romántica en un pequeño restaurante cercano a su departamento. Ella llevó una falda corta, pero no llevó bragas.





__________________

(*) El acuerdo D/s había comenzado a funcionar cuando ambos comprendieron que los rituales y la parafernalia bedesemera no eran para ellos. Ese “darse cuenta” no ocurrió de un día para el otro sino que fue un desgastante proceso de prueba y error que incluyó, entre otras cosas, días de malas caras y reproches cruzados. El mundo BDSM está plagado de exageraciones y mentiras que los habían confundido y más que eso, asqueado, sobre todo a él.
Desde que se habían encontrado personalmente por primera vez, las relaciones sexuales fueron en todos los casos dirigidas por él. En la cama la relación de Amo-sumisa funcionaba naturalmente, pero sacar las D/s de la habitación siempre fue un tema muy difícil para ellos, fundamentalmente porque lo que motivaba a uno no motivaba al otro.
El nudo comenzó a desatarse a través de la disciplina doméstica. Fijaron de común acuerdo tres tareas simples que ella debería tener finalizadas en el momento que él regresara del trabajo. Si eso no ocurría ella sería castigada de alguna manera, también acordada. Ese simple juego los ayudó a extender las D/s fuera del dormitorio.

Comentarios

Entradas populares