Tecnología de punta



La tecnología sostenía el juego de ambos con un nivel de erotismo impensable sin esos gadgets que sólo unos años atrás nadie hubiese siquiera imaginado.

Unos días después de su último cumpleaños, Inés había recibido lo que era básicamente un estimulador con mando a distancia. Lo novedoso del chisme era que al mando podía estar a cientos o miles de kilómetros, el vibrador se operaba a través de un teléfono celular.

No se podía decir que Pablo fuera un hombre supersticioso, no obstante era respetuoso de esa tradición que dice que “ni saludos, ni regalos antes del cumpleaños” Por esa razón se había asegurado que el obsequio no llegara a manos de Inés antes de ese día.

La tarjeta de felicitación, que incluía una disculpa por el atraso, unas coordenadas (Pablo era afecto a ciertas excentricidades) y una especie de “Gift Card” de Amazon.

Cuando Inés llegó al lugar que indicaban las coordenadas corroboró lo que había imaginado, que correspondían a un sexshop. El Amo era bastante previsible algunas veces. Pero no obstante haber adivinado de antemano a que rubro correspondería el regalo, le sorprendió las dimensiones del lugar y gran la variedad de juguetes y otros elementos de sadomasoquismo desplegados, algunos de los cuales francamente infundían miedo. Pidió al cielo que el regalo no fuera una Cruz de San Andrés, un potro, una jaula, ni nada excesivamente voluminoso.

Apenas ingresó al lugar se le acercó una vendedora de mucho menos de treinta años vestida como uno se imagina se vestiría una ejecutiva. Traje sastre gris con falda apenas sobre la rodilla, camisa blanca, medias con costura por detrás y estiletos de tacón. Inés pensó que quizá una ejecutiva hubiese elegido una talla más grande, y sobre todo el tajo de la pollera sería mucho menos profundo, pero reconoció íntimamente que la joven lucía muy bien.
Inés entregó la tarjeta de regalo a la vendedora quien le pidió la acompañe.

El vibrador era de plástico duro cubierto por una fina capa de silicona y sobre ella una tela aterciopelada y lavable bien adherida. A Inés le sorprendió su forma, era una especie de letra “C”, con uno de sus brazos más grueso que el otro. El lado más grueso era para meterlo en la vagina y el más delgado debía ir apoyado sobre el clítoris. Ambos brazos eran vibratorios y para cada uno podía seleccionarse una vibración distinta, tanto en frecuencia como en intensidad.

-Es un Gadget muy divertido –le dijo la vendedora/ejecutiva –Sí, supongo que sí- contestó Inés algo inhibida por el entorno. – ¿Deseas probarlo? – preguntó la joven. Ante la vacilación de Inés, la vendedora tomó la iniciativa. –Sígueme por favor. Las mujeres entraron en una especie de probador de tienda. –Mira, yo llevo uno puesto –dijo la chica mientras se subía dificultosamente su falda ajustada –Mi novio es el que tiene el mando. Es muy excitante, te aseguro. –Si decir nada más, sacó el regalo de Inés de su envoltorio y lo dejó sobre una de las sillas del probador; hecho eso llevó su mano a la vagina de Inés. –No llevas bragas, muy bien, así es más fácil, además estás bien lubricada…mmmmm

Las mujeres salieron del pequeño receptáculo luego de más de media hora y se despidieron con un beso. cada una había anotado el teléfono de la otra…




Comentarios

Entradas populares