Escenas de la vida conyugal (III)


¿Qué hago yo con una goma de pelo? Preguntó el hombre fingiendo que no imaginaba las intenciones de su mujer. Había visto demasiado tumblr como para hacerse el sorprendido, pero le siguió el juego. Él siempre había considerado que en el fondo todos tienen algo de switch y ella estaba comprobando en los hechos esa hipótesis.
A media mañana recibió un mensaje en el Telegram lo cual terminó de confirmar su media certeza. Ellos usaban ese mensajero para los juegos sexuales. El mensaje contenía la fotografía de un sumiso con una ajustada goma que rodeaba sus testículos. “Así quiero que te la pongas, luego me envías una foto para ver cómo te queda”, decía el escueto mensaje. La simple lectura gatilló la respuesta inmediata de su entrepierna. Sin demora se dirigió al baño de la oficina. Colocó la coleta de acuerdo a la imagen, envió una fotografía y regresó a su escritorio. “Buen chico, nos mantenemos en contacto”. La excitación que le produjo colocarse la coleta y tomarse la fotografía reprodujo la respuesta eréctil de su adolescencia. En la casa, su mujer disfrutaba de la excitación de dómina, pero no se lo hizo saber a él. Durante el día se repitieron los mensajes autoritarios y las respuestas complacientes. La mujer incentivó la excitación de su pareja a través de videos en la que se satisfacía con un gran consolador. Varias veces ordenó que el hombre se masturbe y luego le negó el orgasmo, igual que él lo había hecho con ella en tantísimas ocasiones. Las prohibiciones son una herramienta fundamental del juego D/s, siempre decía su esposo.
Ya de regreso a su casa, la mujer comprobó con satisfacción el grado de excitación de su pareja. Colocó otra coleta algo más ajustada e indicó que debían cenar.
Luego de la cena el hombre la hizo correr utilizando su boca. Tenía absolutamente prohibido utilizar algo que no fuera boca y lengua. Miraron la televisión y luego se fueron a dormir. Él con ambas coletas colocadas y su miembro hinchadísimo.


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